Irritación

Si tienes busto grande, ya conoces este sarpullido. Casi nadie lo cuenta en voz alta.

No sale en las noticias. No tiene campañas ni famosas que hablen de él.

Aparece justo debajo del pecho, en el pliegue donde la piel toca piel y el sostén aprieta. Con el calor, el sudor se junta ahí y no se seca nunca.

Arde. Pica. Se pone roja. Y huele.

Y vuelve. Verano tras verano.

Como escribió una mujer: «Tengo el busto grande y en verano sufro bastante.» Y casi nunca lo dice en voz alta.

El problema que nadie nombra

Empieza callado. Un poco de rojo debajo del sostén. Una molestia después de un día de calor. Casi todas lo achacan al sudor y esperan que se pase solo.

Pero no es solo sudor. Con un busto grande, debajo del pecho queda un pliegue que pasa cerrado todo el día. Ahí pasan tres cosas a la vez: el calor y el sudor dejan la piel húmeda, el roce la irrita, y en esa humedad atrapada se multiplican hongos (levadura) y bacterias.

Por eso arde. Por eso pica. Y por eso huele: el mal olor viene de la humedad que se queda atrapada en el pliegue.

Como casi nadie le pone nombre, muchas pasan años sin saber qué tienen, y salen de la consulta con soluciones que no eran:

«El error era que me lo diagnosticaban como dermatitis y era hongo.»
«Mi doctor me recomendó un spray para el pie de atleta después de que me subieron tantas tallas de copa que se volvió un problema.»
«Tengo ese crónico, la ginecóloga me recetó un antimicótico pero ni me hace nada.»

Por qué se lo guardan

Es de esos temas que dan vergüenza. Tanto, que cuando alguien por fin lo menciona en internet, la respuesta que más se repite es de alivio: «¡Gracias a Dios! ¡Por fin alguien habla de esto!»

Esto es lo que escriben las mujeres en foros y comentarios:

«Estoy desesperada, tengo hongos debajo de los senos.»
«Yo sufro muchísimo porque tengo el busto DD, y es una irritación espantosa.»
«El brasier me lo irrita más y no puedo dejar de usarlo porque tengo los pechos muy grandes.»
«Esto me está inclinando a hacerme la cirugía de reducción de senos.»

Y empiezan los cambios que nadie ve. La ropa que se moja y se mancha por dentro («Se suda igualmente y se moja la ropa»). El sostén que, en vez de ayudar, irrita más. Las noches en que se despiertan rascándose: «Me pica entre los senos y debajo, sobre todo al anochecer, es muy molesto.»

Así que lo manejan solas, probando lo que encuentran. Hasta que llega el día en que ya no saben qué ponerse: «Me echo de todo, me cura y después me sale.»

El protocolo del baño

Entra al baño de una mujer de busto grande que vive con esto y vas a encontrar la historia completa: talco de bebé, una pomada para la rozadura de pañal, un desodorante que no usa en las axilas sino debajo del pecho, maicena, aceite de coco… y una secadora de pelo.

Esa es su rutina de todos los días. Ducharse. Secarse muy bien debajo del pecho. Pasarse la secadora de pelo por el pliegue. Ponerse el talco o el desodorante. Revisarse a mitad del día. Volver a ponérselo. Repetir.

Nada de eso termina de funcionar. Y no es su culpa: cada cosa ataca solo una parte del problema.

El talco y los polvos absorben la humedad un rato. Pero cuando el sudor aprieta, se hacen pasta, manchan el sostén y no aguantan el día: «Funciona durante un tiempo durante el día, pero a las horas fuertes de calor no.» Y los polvos en spray secan de más: «se secan DEMASIADO y me hace escamarse la piel».

La maicena es un carbohidrato: en la humedad del pliegue sirve de alimento para la levadura y las bacterias.

El desodorante tapa el olor por un rato, pero no está hecho para los pliegues. A muchas les irrita o les quema: «El desodorante de spray me causaba irritación.»

Las pomadas para la rozadura de pañal forman una capa, pero quedan grasosas y pegajosas: «si la aplico en el antebrazo y después flexiono el codo, se siente que la piel queda adherente en esa zona». Están hechas para la piel de un bebé, no para pliegues de adulto que pasan calientes, húmedos y rozándose todo el día.

El aceite de coco le agrega grasa a un pliegue que ya está húmedo: «me queda irritada todo el verano».

Los protectores y los enfriadores para el sostén alivian un rato, pero no van a la causa. Los enfriadores, además, sirven en la casa, no bajo la ropa: «no son geniales para llevar debajo de la ropa cuando estás por ahí».

Los antimicóticos solos atacan el hongo, pero no calman el ardor ni protegen la piel del roce.

El sarpullido debajo del pecho son tres problemas en el mismo lugar: humedad atrapada, roce constante y hongos y bacterias. Si atacas uno y no los otros dos, vuelve. Cada vez.

Por qué empeora (y por qué aparece de un día para otro)

Hay momentos en que el pliegue debajo del pecho cambia, y el sarpullido aparece aunque nunca antes hubiera estado:

  • La menopausia y los bochornos. «Solo me empezó a pasar cuando llegó la menopausia…»
  • Cuando el busto crece, después de un embarazo o al subir de peso: «Después de mi embarazo mi pecho aumentó de volumen…»
  • Las olas de calor: «Me salían granos debajo del pecho con las olas de calor.»
  • El sostén deportivo, que aplasta los pechos y junta el sudor: «se me acumula sudor entre ellas y debajo».

Y no se queda quieto. La irritación se vuelve herida: «Tengo debajo de los pechos todo irritado y me escuece mucho, y se me hizo una herida.» A algunas hasta les causa abscesos: «Sí, y me causa abscesos muy dolorosos.»

Lo que sí funcionaría

El pliegue debajo del pecho hay que tratarlo como lo que es: un solo lugar con tres problemas. Humedad, roce y hongos, atacados al mismo tiempo. No con un spray para el pie de atleta. No con un producto de bebé. No con tres productos de tres pasillos distintos.

Alora se hizo justo para esto. Se aplica como crema y se seca como polvo, y trabaja en tres etapas:

  1. Mata (primer minuto). Ácido undecilénico (10 %) y árbol de té microencapsulado matan de raíz la levadura y las bacterias que causan el sarpullido, y evitan que vuelvan. El árbol de té se libera lento: no arde, ni siquiera en piel en carne viva.
  2. Calma (de 1 a 5 minutos). Óxido de zinc (15 %) y hamamelis calman el ardor y el enrojecimiento. El zinc deja una barrera entre piel y piel que frena el roce, para que cada pecho quede «en su carril».
  3. Seca y protege (todo el día). Sílice y tapioca absorben la humedad y dejan un acabado de polvo seco que aguanta el calor y el sudor.

Sin talco. Sin perfume. Sin esteroides. Sin parabenos. Sin petróleo. Hipoalergénica y con pH balanceado. Y sin dejar la piel grasosa ni pegajosa, ni manchar el sostén.

Y como es crema, se pone desde el tubo, con una mano, debajo y entre los pechos: sin polvo volando por el baño y sin meterte a la ducha para ponértelo.

Ni olor a bebé ni a abuela. Solo un pliegue seco y tranquilo.

Se aplica como crema. Se seca como polvo. Una capa. Las tres causas. Todo el día.

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Ella no se lo va a comprar sola

Las mujeres que más lo necesitan son, muchas veces, las que menos lo buscan. Llevan años con lo mismo («Llevo años sufriendo ese problema, sobre todo en verano») y ya probaron de todo.

Por eso, muchas veces el primer paso lo da otra persona. La amiga de busto grande que se lo regala porque sabe lo que es. El esposo que la ayuda a ponérselo debajo del busto. La hija que ve a su mamá sufrir: «yo tengo una persona mayor con irritación en el pliegue mamario, le pica mucho y se hace herida».

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