Esa mañana, frente al inodoro, no sabía que estaba viendo la primera señal de que el riñón de mi esposo se estaba muriendo.
Si tu esposo tiene diabetes de años, lee esto ahora. No mañana. Ahora.
Porque casi 8 de cada 10 diabéticos terminan con el riñón dañado. Y la mayoría se entera cuando ya es tarde para frenarlo.
Lo que nadie me dijo, y por poco nos cuesta todo, es esto:
Aunque el azúcar esté "controlado" con pastillas, esa misma azúcar lleva años oxidando el riñón por dentro. En silencio. Sin avisar.
Hasta que aparece la espuma.